viernes, 15 de octubre de 2021

Algo de todo

 


Era demasiado tarde para reencontrarnos. Lo comprendimos desde la primera mirada. Ya no había nada que reencontrar porque el único motivo por el que lo dejé era porque no éramos pareja.

sábado, 9 de octubre de 2021

Ella no lo mató

                                              

El díptero hematófago voló describiendo un ocho en el espacio. Unos ojos miopes lo seguían. El mosquito cambió su maniobra aérea y se lanzó con las alas en plano vertical y con cierto grado de inclinación perpendicular. Un golpe de suerte, seco y fuerte del "nariz de halcón", acabó con aquel que a todo se resistió, salvo a la tentación.

viernes, 1 de octubre de 2021

Avisos clasificados


 

AFAMADO VENTRÍLOCUO ofrece recompensa a quien informe sobre su títere. Al muñeco se le vio guiñar sus ojos a despampanante morena.

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NECESITO personaje principal, capaz de evolucionar y mantener el control ante el peso de la trama. enviar HV: correo: XEscritor@chiflado.com

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TRABAJO EN ALTURAS. Industrias Hollywood requiere personal experimentado en ascenso y descenso de fachadas monolíticas en silla de ruedas.

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CONDUCTORES con licencia C2 vigente, experiencia en transporte de servicio especial, para traslado turistas alienígenas. Todas las prestaciones de ley.

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PROYECTO EL TÚNEL inmejorable ubicación bajo torre de apartamentos. Excelente oportunidad, amenos temblores de tierra, zona húmeda permanente.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Signos vitales

 


Siempre llego con la respiración entrecortada. Al principio consideré que era por la expectativa de encontrarla en franca de recuperación; pero he terminado por creer que es por causa del tapaboca que llevo puesto. Me acerco a ella y le hablo de quien soy y de que es hora de volver a casa, pero persiste en estar bajo sedantes para aliviar lo tóxico de su estilo de vida. Con los días, los pronósticos médicos todavía no señalan un camino. Solo hay que saber esperar las consecuencias a falta de premios y castigos en sus manos blancas.

Quien me habla de ella en forma de ondas, es el registro general de las acciones de su inmovilizado cuerpo: La frecuencia respiratoria que no coincide con eso de que los sentimientos vienen y van, como las nubes en el cielo. Su presión arterial, permanece lejos de transformar el carbón en diamante; la temperatura por si su cuerpo hierve a la temperatura adecuada y el pulso para saber si se aleja o se acerca al más allá.

domingo, 19 de septiembre de 2021

Fuera de combate


Los dos luchadores se sujetan de las manos como si fueran garfios. El combate hasta ese momento favorece al resuelto peleador indio, quien desde el inicio salió a la defensiva. Por momentos, sus fuertes brazos atenazados inmovilizan al kazajo. Lo lleva casi a la demarcación color naranja de la colchoneta. Queda poco menos de un minuto. El duelo se intensifica con el despliegue rápido de la variante Suplex con la que se pretende derribar al oponente. Corren los segundos, el kazajo con un amarre incorrecto de la cabeza rehúye de su oponente, pero este suma puntos con movimientos técnicos precisos. Quedan cinco segundos, la victoria del indio parece inminente por su destreza técnica. Una llave suya traslada el cuerpo de su oponente a través de su espalda y cadera hasta casi apartarlo del colchón llevándolo a la posición de peligro. Quedan tres segundos para terminar el combate. El luchador kazajo continúa apoyado en las rodillas y las manos sobre el colchón lindante a la zona de riesgo. Parece no poder hacer nada para contrarrestar el ataque enemigo. El indio hace un último esfuerzo, sujeta como puede el cuerpo de su oponente, presiona con un preciso agarre de candado con ambas manos contra su pecho y las une entre sí. No hay duda, el indio pronto levantará los brazos en señal de victoria. Pero, unos hábiles dedos, que parecen en el ángulo superior izquierdo del televisor pantalla plana detienen el conteo oficial. El entrenador kazajo sonríe en forma socarrona y le ordena a su pupilo contraatacar. Con una Doble Nelson, el kazajo lleva a su oponente a la inminente Posición de peligro al romper el ángulo de 90 grados de su espalda con respecto al colchón. Termina el combate, el luchador indio pierde por total desconcierto.

lunes, 13 de septiembre de 2021

Cierto día amaneció llena de palabras

 

Cuando la bisabuela Adelina falleció, los parientes y los vecinos más allegados se dispusieron ayudar con los preparativos del sepelio. Los parientes que vinieron de Cauca durmieron esa noche juntos en el aposento más grande y ventilado de la casa materna. Séfora, la hija mayor de la fallecida, quien había sido repudiada por la familia del hombre con quien se casó por estar loca, se encontraba también entre los visitantes. Como en aquel tiempo se consideraba de mal agüero dejar que se extinguiera el fuego que ardía en el fogón de leña, durante el velorio, la abuela Sabina y su hija menor permanecieron levantadas para estar pendientes del fuego. La anciana dejó algunos trozos de leña a su alcance para atizar el fogón. De repente, escucharon el sonido de unas pisadas en la puerta que da al patio. La abuela Sabina fue a mirar y se encontró con su mamá recién fallecida. La reconoció por su blusa de mangas cortas bombachas y por la falda larga que la centenaria morena arrastraba por su baja estatura. Ver a su mamá era como poner los ojos en una muñequita de barro llevando siempre sobre sus angostos hombros el inconfundible chal bordado en bolillo.

Justamente antes de que la señora Sabina pudiera soltar un ¡Ah!, de sorpresa, la anciana pasó por delante del fogón, junto al cual se hallaban sentadas las dos mujeres, rozando algunos maderos con su chal. Las astillas de leña se balancearon vacilantes de un lado al otro, como si alguien en persona las hubiera tocado. La abuela Sabina, que era una persona muy tranquila, se volteó y vio hacia donde había seguido su mamá Adelina. La difunta se había detenido en el umbral de la puerta del aposento donde estaban durmiendo todos sus parientes; fue entonces cuando se oyó la voz de Séfora, la hija loca, clamando:

―¡Madre, venga acuéstese aquí mi lado! 

Quienes todavía dormían se despertaron al escuchar a la bisabuela exclamar:

—¡Despierten, su sueño se ha convertido en realidad!

sábado, 4 de septiembre de 2021

Dile

 


Tú dile a Martínez que yo le mando a decir que lea los cuentos, mientras hago lo mismo con los que me compartió, y que apalabre a todos los dioses como jurado o a quien le parezca, que después le explico, pues no estoy seguro de si escribí lo que quería.

domingo, 29 de agosto de 2021

Breves consejos para sobrevivir en un bloqueo policial

                                                        


No esperes la comprensión policial, podrían mirarte con extrañeza.

No confíes en su retirada de tu calle o de tu barrio.

No confundas un pájaro volando con un helicóptero sobrevolando.

No les regales libros a los ociosos policías, son en potencia pirómanos.

No te iguales con La Ley podrían confundirte con su líder.

Reseña literaria




MOISÉS PEREA, EL CUENTISTA DEL GUATAPURÍ. Nico Duba et al. Valledupar: Primera edición 2021. 117 págs. ISBN: 978-958-49-2973-0.

Libro homenaje póstumo al narrador oral Moisés Gregorio Perea Manjarrés (1947-2020), quien con natural estilo contaba las historias de su provincia disponiendo de su voz y de la palabra en otrora respetada porque el hombre valía lo que valía su palabra. En las páginas preliminares del libro se relacionan algunas de las historias que nunca en vida escribió, pero que están cargadas de cierta nostalgia por el país vallenato o por el lugar de sus historias, de sus costumbres que, pronto el lector infiere, pues pudieron tomar forma el día en que la vida pasó contenida en los ojos tristes de una mujer.
La narración oral es una actividad expresivo-creadora más antigua de la historia del ser humano y con diversas variaciones la encontramos en el mundo. El libro da cuenta de ello, pues las semblanzas contenidas se reafirman al eximio contador de historias como aquel juglar que, al contar, lo hacía, no por el aplauso que necesitan tanto los actores como los músicos, aunque en su saber contar y su saber actuar, estos, al final terminan en Perea siendo uno solo, cerrando su actuación con una silenciosa sonrisa, según dice, el columnista y amigo personal suyo, Augusto Aponte Sierra.
Aunque las emociones nunca podrán escucharse ni verse en el noble papel, porque ellas surgen de la participación que se tiene en la historia, las narraciones contenidas en el libro dedicado a Perea Manjarrés, esbozan la realidad actual entre la picaresca y el temor a abrir los ojos porque la vida escasea; pero que invitan a interrogarnos no solo sobre cómo hemos sido, sino también sobre cómo somos nosotros, o si nuestra identidad es algo que en parte nos viene dado o porque nos es imposible sustraernos de nuestras tradiciones.
No hay libro perfecto, pero este está bien hecho y bien pensado, aunque tiene sus yerros. Predominan los textos sobre el juglar, sin embargo, para el lector que espera encontrar los rasgos del narrador, esto es, el tono picaresco, el volumen y el ritmo al hablar, resultan pocos. Brilla con luz propia El Expreso Barbacoa. En suma, el libro es fruto de un esfuerzo conjunto para rescatar del olvido al amanuense vallenato antes de que sus historias se pierdan en la maleza.

sábado, 21 de agosto de 2021

Los presagios y las suertes

                                    

Los presagios se distinguían de los augurios en que estos dependían de los signos buscados e interpretados según las reglas del arte augural, mientras que los presagios, que se ofrecían fortuitamente, eran interpretados por cada particular de una manera más vaga y arbitraria. Podía reducírseles a: las palabras fortuitas; la conmoción de algunas partes del cuerpo, el corazón; las caídas imprevistas; el recuerdo de personas extrañas y también de algunos animales. Puede considerarse también la observación de la luz de una lámpara, la pueril costumbre de contar los pétalos de ciertas flores o las pepitas de un fruto. Se echaban suertes por medio de dados generalmente; de aquí el origen de esta frase: «La suerte está echada». Si encuentras a una persona a quien puedas abrazar y con la que puedas cerrar los ojos a todo lo demás, puedes considerarte afortunado.

sábado, 14 de agosto de 2021

Decidí no reconocerla

 

 

En ese momento decidí no reconocerla, hacerme el perturbado, tratarla como a una desconocida y ofrecerme, en compensación por lo ocurrido, a cargar con las bolsas de víveres hasta uno de los taxis parqueados a la salida del supermercado. Para mi sorpresa y consternación, la mujer aceptó. Yo, en el fondo, habría querido escuchar su negativa mientras se alejaba malhumorada con los víveres estropeados en el interior de las bolsas. Pero, ahí estaba yo, caminando al lado de quien era mi atracción. Ella de manos blancas, a lo sumo, frías y con esa presunción de siempre. Y yo, cargando con las bolsas de la compra, con los dedos tallados y entumecidos, transpirando esa mañana sabatina, calculando qué tanto puede comer una mujer fina, de delicada fragancia; un ser etéreo, un ente alimentado por el mundo empresarial y el poder para tomar decisiones.

La estaba aguardando, pero su voz me tomó por sorpresa y fui yo, quien casi deja caer las bolsas de la compra. Luego, por segunda vez, al dejar de sentir los dedos de las manos y tener la impresión que, en lugar de mis brazos, tenía dos muñones, como si esas bolsas y su contenido prefirieran derramarse sobre las calles de esta ciudad acorralada en lugar de permanecer en mis manos. Sentía el peso inconmensurable de las bolsas, y ahora más, cuando la jefa me tomó por un brazo para evitar irme de bruces por causa de un tropezón. Minutos después, y antes de empujar la puerta, se giró hacia mí y con esa expresión que no podía tildarse de seria, pero tampoco podría decirse que estuviera iluminada por el ramalazo de una sonrisa, se acercó a mi oído. Fue tan desequilibrante la sensación producida por su dulce voz que estuve a punto de dejar caer por tercera vez aquellas bolsas. Las risitas de unos niños y el rebote contra el suelo de una pelota dejaron en la mitad del trayecto su indudable invitación a seguir, cuando la puerta se cerró ante mis propias narices. Ven que modesto soy. 

sábado, 7 de agosto de 2021

Gota a gota



Siempre tan puntual, en punto de las siete, a través de la ventana lo veo llegar. Se orilla justo en el andén y se apoya con su pie izquierdo. Observa, se baja de su bicicleta y se acerca a la reja metálica que delimita el antejardín. Escruta con detenimiento, da la impresión de estar buscar algo.

Permanece así, hasta no mirar toda la fachada de mi casa, no se suelta de la reja. Mira con cierta incredulidad. Lleva su mano derecha hasta su ancha frente y protege sus ojos de la luz del sol que apenas se despereza. Se cerciora de haber llegado a donde debe llegar. Perdón, me dijo una vez. No es la casa que busco. Disculpe.


Aquel hombre, mejor dicho, aquel anciano de contextura recia, como una forma de expiación o como una forma de recobrar el aliento seguirá viniendo a mi casa, antes de ahogarse en una deuda a pagar gota a gota.

viernes, 30 de julio de 2021

Campanas

                                       


Las campanas de las iglesias hemos sido la destilación rápida de los sucesos producidos en una comunidad. Un campanario somos varias campanas, cada una con su tono y timbre característico. Por eso, por la forma de tocarnos, la gente se prepara para gemir o para suspirar. Lo cierto es que esos toques se logran con un ritmo diferente, con el sonido de una sola de nosotras o combinando nuestro toque con la resonancia de otras. Existe, por ejemplo, un toque advirtiendo el arribo sombrío de la muerte. Un toque muy rápido anuncia el inminente peligro y la necesidad de defenderse o de protegerse. Otro toque de campana puede anunciar un incendio, y así sucesivamente. El toque conocido como «vuelo de campana» consiste en tocar todas las campañas al mismo tiempo que se varía con los badajos sueltos, de modo que, volamos libres sin que nadie nos sujete o domine nuestros badajos al imprimirle ritmo. Este toque se utiliza para anunciar grandes victorias o acontecimientos de absoluto júbilo. Pero como en aquel pueblo nunca hubo un campanero que cumpliera la noble función de hacernos repicar, ese era un pueblo sin historia.  

sábado, 24 de julio de 2021

Il carnavale

                                 


Antonella salió a pasear por la amplia Piazza San Marco con la intención de unirse a la celebración de la Fiesta de las Marías. Aquella noche ninguna mujer se le podría comparar en belleza y elegancia. Lucía un traje de seda oscuro, una máscara plateada y un sombrero de tres puntas. Pronto, se vio desfilando junto a las demás venecianas que brillaban como estrellas.

Sin saberlo, Antonella era seguida de cerca por un hombre disfrazado de Mattaccino, que ocultaba su rostro debajo de un sombrero de vistosas plumas. En medio de aquella multitud, Antonella abrevió el trayecto al cruzar el Ponte di Rialto para seguir de cerca aquel festival barroco en las animadas callejuelas venecianas.

A la altura del Ponte dei Sospiri descubrió al juerguista a su lado, quien soltando una risotada le antepuso una máscara dorada robándole su bello rostro y su identidad.

viernes, 16 de julio de 2021

La Gaia

 


La Tierra es representada algunas veces por una figura de mujer sentada en una roca; los modernos la alegorizan con los rasgos de una matrona venerable sentada en un globo. En un cuadro de Lebrón está personificada por una mujer que hace brotar leche de sus pechos al mismo tiempo que deja caer su manto, del que sale una bandada de pájaros que se dispersan en el aire. Son los suspiros de aquellas mujeres por la inexplicable desaparición de sus hijos de los que nadie le da razón.

 

viernes, 9 de julio de 2021

A la hora del sol

 

El hombrecillo extrajo algo del bolsillo secreto de su pantalón. Era un billete plegado en cuartos. Lo desdobló y lo aplanó sobre la mesa. Al mirarlo, se alegró de tenerlo guardado, aunque olvidado.

Fue precisamente al finalizar aquella formalidad, cuando el reloj de pared soltó de golpe un pájaro que liberó un canto de dos notas, una aguda y otra grave. Del sobresalto, el hombrecillo articuló una palabra cerril haciendo añicos el billete que arrojó bajo la mesa del comedor.

Como medida de seguridad, el guardián le dio cuerda al hombrecillo con  la llave que mantiene incrustada en la espalda, mientras que al desplumado pájaro le ordenó cerrar los ojos y volver impávido a su celda.

jueves, 1 de julio de 2021

El museo de las formas cambiantes

 


En una galería de arte que ya nadie visitaba, el destino armó su trama al anudar en un punto algunos hilos sueltos. Todo lo inició Luis XI, apodado el Prudente y también la Araña, cuando empezó a entrelazar sus intrigas no solo para reducir la monotonía en condición de obras de arte, sino en congelado perjuicio de quienes le acompañaban siendo parte de la patética exposición sobre reyes y nobles de reconocida fealdad. Esta vez el Prudente escogió como víctima de su burla al duque Federico de Montefeltro por su perdido ojo derecho, la nariz ganchuda, la mirada tuerta y aquella cicatriz que afeaban su rostro. El condotiero, por aquella burla que hacía eco en el gran salón, le replicó: soy tu hazmerreír en este palacete; pero, lo que no sabes es que tú lo eres de los que mejor te conocen.

miércoles, 23 de junio de 2021

Cosas de la vida

 


Todos en Guacarí sabían que él estaba enfermo. Incluso, todos estaban enterados que se iba a caer. Pero sólo empezaron a llorar la tarde de aquel domingo, cuando el tronco crujió y se empezó a partir en dos. El samán se erigía al cielo con sus ramas robustas cargadas de hojas de diferentes tonalidades verdes, ramas sobre ramas que bordaban un follaje que cubría todo el derredor del parque. El árbol fue amarrado con lianas de acero, pero cada golpe del minutero fracturaba más la abertura. Fue cuando empezó el pánico y cayó pesado sobre la tierra que del sol protegió. Tan solo se declaró su muerte como cosas de la vida. Tras exhaustivas investigaciones, se dijo que la raíz del gigante ocasionó aquella tragedia cuando se cruzó con el ineludible progreso apadrinado por los políticos que abundan como polillas alrededor de una lámpara.

miércoles, 16 de junio de 2021

Explicación no solicitada



Desde el
 pasado 28 abril cuando comenzó una ola de protestas en mi país contra un proyecto de reforma tributaria posteriormente retirado por el Gobierno, pese a lo cual las manifestaciones continúan en las calles exigiendo el cese de la brutalidad policial e injusticias sociales y la reivindicación de los derechos consagrados en la Constitución. Mi ciudad no fue la excepción en el asedio militar.

Pero el "Paro no ha parado", sigue no solo en las calles, también en las redes sociales y en los medios digitales en general. y pese a que todo está prohibido, nuestros jóvenes colombianos, "los ninis", los que no tienen nada, ni estudio, ni empleo ni hacen nada permanecen allí en su primera línea porque no tienen nada que perder, solo la vida.

Por estas y otras razones, tomé la decisión de no publicar nada en esta bitácora hasta no ver un atisbo de esperanza en la línea del tiempo o de la incertidumbre. El mundo sabrá en que quedamos. 

Así que aquí estoy de nuevo; yo con yo o con ustedes amables lectores. Gracias.

Les dejo con:

Los halcones negros

 

Los helicópteros artillados pasaron horas antes del irrebatible accionar ciudadano. Vieron desde lo alto el horizonte de los marchantes y sobrevolaron amenazantes sobre el ánimo más alegre y decidido de aquel cinco de mayo sobre el Puente de la Resistencia. Por el sonido bimotor y su característico rotor de cuatro palas de aquellas naves, fue evidente su engañoso volar sobre el más heroico grupo de civiles desarmados. Cuando la atemorizadora escuadra de navíos equipados con sus probadas ametralladoras apuntó a la multitud sosegada, los inquebrantables halcones fueron atravesados por un fulminante obús: la contundente voz del pueblo.

viernes, 30 de abril de 2021

Poética

Sobre

el mismo silencio

 

El ruido metálico del lecho

nos impedía el sueño.

La semioscuridad no me brindaba ni amparo ni sosiego.

A mi cerebro no le bastaba anestesiar mi conciencia

para arrojarme al vacío después del acostumbrado delirio.

El éxtasis mutuo, el resplandor de nuestros cuerpos

y los dilatados jadeos en la cama habían cesado,

pero mis pupilas seguían errando

sin hacer caso omiso a los párpados

que, vencidos, estaban a punto de abrirse

como las ventanas de aquella casa donde me había llevado.

En silencio ella se bebía las palabras con el mismo reposo

con que nos reconocíamos.

Había algo mejor en nosotros que el amor:

nuestra complicidad.

  

viernes, 23 de abril de 2021

Tu boca entre besos

 



Te quiero, Pilar, te quiero, le dijo mientras le besaba una mano. Ella posó sus labios en aquella boca presurosa como aquel adiós. Era la última vez que sentía la singular tibieza de su cuerpo varonil. El hombre suspiró de nuevo, prefirió callar antes de revelar la sombra de otra boca. La muchacha presintió que en el trasfondo de aquella realidad que estaban viviendo yacía una segunda situación diferente. Un movimiento rápido, de esos que solo son posibles en ciencia ficción o en las escenas de lucha y desafío de las leyes naturales, dejó a Morfeo fluyendo entre aquella confusa mezcla de oráculos y sueños.                                                                                                                                                                                

sábado, 17 de abril de 2021

Bala perdida

 



Un certero disparo entre ceja y ceja terminó con el único testigo. Días antes, debido al inusual silencio, los vecinos alertaron al F2. Al forzar la puerta del apartamento dedujeron que la escandalosa sangre del hombre, había corrido por el sofá mullido hasta salpicar las páginas del libro que reposaba en las piernas de la víctima. Tras un sinfín de interrogatorios y la concluyente coincidencia de que nadie había escuchado ni visto nada que sustentara la deducción más razonable: asesinato, los agentes cerraron el caso argumentando que había sido una bala perdida venida del libro sobre las memorias de Boogie, El Aceitoso.

jueves, 8 de abril de 2021

Bien educado


Lo hemos adoptado como un hijo más, exclamó con voz estirada la dueña de casa. Yo miré con el rabillo del ojo a mi hermano que permanecía silenciosamente boquiabierto, no por lo que escuchaba, sino por las perlas del collar que lo alucinaban. Por haber sido bien educado y advertido que cuando hablan los mayores hay que guardar silencio, no le dije nada al idiota.  Mi madre continuó conversando con su expatrona a la que hoy vine a conocer. Luego vino la expresión gangosa del jardinero, el repique del machete y el grito de la matrona por el reguero de perlas y el sangrado de sus orejas.

 Texto enviado a: Relatos en Cadena Concurso de microrrelatos con la Cadena SER

Temporada 2020-2021

viernes, 2 de abril de 2021

En la sekva de cemento

En una noche vestida de duelo, Pedro Navaja se encontró con Juanito Alimaña.  El primero apuró su tumbao’ y sonriente le mostró el diente de oro antes de sujetar su puñal; entre tanto, el otro, con malicia y sin mucha maña, aseguró su pistolón dentro de su gabán.

Hubo ruido en aquella avenida cuando Pedro Navaja se le fue  encima y Juanito Alimaña con decoro y con alago, se movió como el viento, y disparó. ¡Los recuerdos son peores que las balas!, exclamó aquel bravo antes de caer, mientras su  adversario agónico alcanzó a balbucear: Al final, la realidad nos puso a cada uno en su sitio.


Publicado en el periódico El Espectador. Bogotá: 17 de abril de 2021.

https://www.elespectador.com/noticias/cultura/la-esquina-delirante-lxxi-microrelatos/


sábado, 27 de marzo de 2021

¡Aló!

 


Regresé a Buga y mientras esperaba un taxi descubrí un objeto raro y solitario en el área de llegadas de la terminal de transporte. Impulsado por mi curiosidad, me aproximé a explorar mejor porque no lo podía creer: había un teléfono monedero, gris metálico igual a los de su tiempo. Con especial agitación levanté el auricular para probar si tenía alguna señal de vida.

Y sí, tenía tono. Pero aquella indicación me hizo dudar que el teléfono fuera de la época donde era casi imposible llamar a alguien: El país en aquel entonces, y lo fue por muchos años más, un país plagado de teléfonos públicos que no funcionaban casi nunca, y la angustia de acercarse a alguno de ellos en una urgencia la volvía todavía más grave y acuciosa, porque lo más probable es que uno tuviera que salir corriendo a pedir colaboración.

Eran tiempos paradójicos, de guerra contra el narcotráfico y de gran ingenuidad también. Uno terminaba en alguna parte pidiendo el teléfono prestado, porque era más fácil que hablar desde uno público. Esa cultura abierta y generosa se acabó cuando en algunos sectores de la ciudad se instalaron teléfonos monederos. Lo mismo que en mi niñez, cuando había que pagar a quien tuviera televisión para ver la serie de Tarzán, el rey de la selva.

En los teléfonos públicos el ritual consistía en introducir el dedo de la ambición para verificar si algún usuario había olvidado recoger su moneda de cien o de doscientos pesos; cuando eso pasaba era algo parecido a ganarse la lotería, pues llamar gratis casi nunca ocurría. Cierto día, una de las hablantinosas hermanas Collantes, zampó uno de sus toscos dedos y la mordió un ratón que solo era orejas y cola.

Recuerdo que cuando uno levantaba el auricular y no daba tono, tenía que colgar y descolgar varias veces, cada vez con más fuerza, incluso con violencia, como si eso ayudara y le hiciera entender al teléfono la gravedad del asunto; otro método consistía en volver a colgar y descolgar, pero muy suave y muy despacio. Y si uno podía por fin llamar ocurría un milagro, porque se sabía de memoria el número que fuera y lo marcaba. No como hoy que a duras penas uno recuerda el número de su propio teléfono celular.

Eso me ocurrió ese día frente a ese teléfono monedero de la terminal de transportes: metí un dedo para ver si había monedas, pero solo estaba lleno de vacío. Levanté el auricular para verificar que daba tono, y dio, increíble. Se me vinieron entonces, un torrente de números fijos que sabía de memoria y que marqué durante años sin encresparme: 2368501 de mi casa, 5890318 el de la oficina, el 5847184 de mi novia … Fueron muchos los números que aparecieron relucientes en mi mente como si se tratara de los fantasmas de un cuento fantástico cuando el marcador giraba o cuando se oprimía el teclado y producía aquellos pulsos que interrumpían el flujo del circuito telefónico para determinar el número deseado. Lo sorprendente de todo esto era que estando allí en la terminal, podía marcar cualquier número de mi pasado y la persona a la que llamaba me respondía al otro lado del hilo telefónico de aquella época. Viajaba en el tiempo desde aquel teléfono gris metálico. A través de él ascendían recuerdos indistintos, sombras balbucientes que hacían empezar o terminar mis viajes al pasado.

Ponerse una cita para hablar por teléfono, esperar el consabido timbre sonara en la casa y que alguien tuviera que contestar o que tuviera que llamar a quien más extrañaba y no siempre estaba ahí, era terrible. Hoy en día, hablar de este asunto, sobre cómo hacíamos y cómo podíamos vivir así es inconcebible e inexplicable.

Después de un largo rato de espera, alguien tocó mi hombro, era la señal de que alguien quería usar el teléfono con suma urgencia. Fue en ese momento cuando me llené de terror al ver que quien estaba detrás de mí, una vez introdujo su dedo índice en donde caen las monedas, lanzó un fuerte grito de dolor causado por un ratón de comportamiento reprogramado y de vigilante instinto.

sábado, 20 de marzo de 2021

Desierto




Un desierto es un lugar sin expectativas, le insistió su padre. 

Pero, siento que él me llama para encontrarme a sí misma, le rebatió con voz suplicante la joven.

O será para perderte, rabió de nuevo el viejo.

Padre, tú mismo me dijiste que es un lugar hermoso, donde se esconde el recuerdo del agua.

Hija no puedes pretender ir al desierto porque has soñado con un oasis…

Padre, esta vez no te haré caso. Siempre me ha gustado el desierto. Muchas voces han repetido hasta la saciedad que, al sentarse en una duna no se ve nada, no se oye nada. Sin embargo, a través del silencio algo palpita y brilla.

¿Dime con exactitud, de qué estás hablando?, le interrogó de nuevo el hombre.

Es algo inexpresable en palabras, y de hecho en el pensamiento, se aventuró a contestar ella.

Por las palabras de la joven, el viejo suspiró al darse cuenta que el desierto se había burlado de él, un veterano cartógrafo.

sábado, 13 de marzo de 2021

Improperios

 


Aniquiladora

Lanzó una palabra tan demoledora que se destruyó así misma.

 

***


Causalidad

Desde que se enteró que cada quien es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras, decidió acabar con las letras, principio de todo.

sábado, 6 de marzo de 2021

Improvisación



Cuando el bombo de la batería asimiló los latidos de un corazón, ascendía por el estrecho pasillo un hombre que señalaba y hablaba de las relucientes estrellas del blues en blanco y negro colgadas de la pared. Para algunos, tal vez sus favoritos, tuvo palabras de admiración, menos para el de rostro tallado en piedra, cuya foto estropeada, vio pegada junto a los demás cuadros por un pedazo de cinta azul. Tenía escrito un nombre: Hugh Lorry.

Cuando entró a la gran sala, se transformó rápidamente en un sensible tecladista y vocalista de jazz con «Unchain my heart». Su lirismo era más evidente que la historia misma que solfeaba. Pese a que la concurrencia permanecía en silencio, lo seguían más con los pies que con la cabeza, por causa de la interacción de aquella voz y los instrumentos acompañantes en términos de progresión de acordes. Lejos estábamos de la cruda realidad de un amor perdido, de la crueldad policial en las calles o de la opresión generalizada en estos tiempos escabrosos de onomatopeyas y de sílabas sin significado.

sábado, 27 de febrero de 2021

La cita

 


La joven entró muy de prisa al dispensario leonista del barrio que a esa hora abría su puerta. Como pudo, se dirigió a la enfermera voluntaria de turno y le explicó que su hermana embarazada no se sentía bien, razón por la cual, necesitaba ser atendida con urgencia por el médico Caicedo. La enfermera, no solo habituada a esas lides de lo que llaman los eventuales enfermos «una urgencia» sino que, como conocedora de ojo de ciertas sintomatologías, le respondió que era preciso que le tomara los signos vitales antes de acceder al médico.

—Pero es que usted señora no entiende, estoy muy mal. —le habló la muchacha con evidente disgusto—Esto es una urgencia, dónde está el doctor.

—Señorita, ya le dije que el médico está por llegar. —Por favor tome asiento, porque apenas está saliendo de su consultorio particular.

Sin más remedio, la joven se sentó y cruzó las piernas dando la impresión de sentarse en una nalga. De vez en cuando consultaba su reloj digital, y por momentos, hojeaba una revista, de esas que llegan por suscripción a nombre de las señoras de casa, y semanas después, terminan en los consultorios de sus maridos.

Pasaban los minutos, la muchacha soñolienta dejó escapar un leve quejido al tratar de acomodarse en el largo sofá. Abría los ojos y volvía a mirar su reloj y a su indispuesta hermana . La enfermera en silencio la observó por encima de sus lentes. Luego marcó un número de teléfono y habló en voz baja con alguien.

—El doctor ya está encamino —le anunció.

La muchacha tan solo suspiró. Comprendía que esperar consistía en hacer un esfuerzo sostenido para permanecer enfocada en la confianza de que todo tiene solución. Entonces comenzó a pasar la vista por las fotografías que decoraban la pared posterior del amplio dispensario. Eran las fotos de ilustres hombres que se dedicaron en vida a servir con vocación y pasión leonista a la población. Sus ojos fueron recorriendo cada una de aquellos austeros rostros de mirada limpia y hasta distante capturada por el infalible lente de don Atanasio Aguirre, el único fotógrafo profesional de la localidad. En cada una de esas fotos, la muchacha notó que las miradas de aquellos hombres eran penetrantes, sus narices más grandes, más toscas y más rudas. Sus bocas más alargadas, pero de labios mucho menos gruesos que los de una mujer, aunque variaban entre aquellos rostros austeros.

Fijó de nuevo los ojos en la revista y leyó de Hipócrates: «La fiebre de la enfermedad la provoca el cuerpo propio. La del amor, el cuerpo del otro».

—Siga por favor —alcanzó a escuchar la muchacha enferma. El doctor la esperaba en la puerta del consultorio con el fonendoscopio en una mano.

—A ver, cuénteme, ¿Qué la trae por aquí?

—Doctor, siento una opresión aquí, arriba del ombligo, —le explicó la joven mientras desplaza su mano con movimientos circulares por su vientre. Creo que es la cabeza del niño la causa.

—Ya veo, —respondió el médico disimulando una risita. Pues si el culo es la cabeza del niño, tenemos problemas en su noveno mes de gravidez —agregó, el médico—. Lo que usted señala son las nalguitas del niño, aquí en este extremo suyo. En este otro, están las manitos, y aquí abajo, en su pelvis se encuentra la cabecita. Eso significa que la criatura ya está en posición adecuada. ¿Qué espera tener? —Le preguntó el médico.

—Pues, una niña.

—No, se trata de un niño. Si es una niña se la mantengo hasta que se case o se muera. Usted va a tener un niño. Así que, por ahora, coma galletas integrales para que se le quite la maluquera. Un placer atenderla.

Minutos después, entró la enfermera y rápidamente se situó detrás de su escritorio y volvió a llamar por teléfono, después colgó. 

—Me permito informarle que en la farmacia de este dispensario leonista, ustedes pueden contar con el servicio de laboratorio, inyectología y despacho de fórmulas a muy bajo costo.

—¡Qué bueno! —repuso la muchacha buscando congraciarse con la enfermera, cuando se disponía a buscar la salida. Eso me dijo el doctor.

—¿El doctor? ¿Cuál doctor? —replicó la enfermera con tono de extrañeza.

—El doctor Caicedo.

—¿Pero, ¿qué dice usted? —preguntó la enfermera levantándose con inusitada rapidez de su asiento—. Acepto que esté indispuesta, pero usted… Eso no puede ser…

—¿Qué es lo que no puede ser, señora?

—Lo que está afirmando. El doctor no puede estar en consulta.  

—Aquí quien está confundida es usted, pues el doctor Caicedo ya me atendió.

—Le digo que eso no es posible…

—Ese tipo de bromas no le quedan bien a usted enfermera. El doctor ya me atendió. La enfermera, contrariada abrió la puerta invitando a la muchacha a que verificara lo que le decía. Era cierto, el consultorio estaba vacío. La muchacha, sólo acertó en acercarse a una de las fotos y con su dedo índice señaló al más apuesto entre aquellos leonistas. La enfermera, que no salía de su asombro le contestó:

—Ese que usted señala, hace seis meses falleció.

viernes, 12 de febrero de 2021

K

 

Contrato

El experto agente de seguros pasó por alto que la póliza en uno de sus apartes y en letra menuda, dice que no ampara a aquellos compradores hipocondriacos y enfermizos propensos a una potencial transformación.


"Servicio al cliente"

El agente de seguros no escribe como habla, no habla como piensa, no piensa como debería pensar, y así sucesivamente hasta su repentina transformación delante de sus clientes.

jueves, 4 de febrero de 2021

Letrados

 


Hace doce mil años, ante la atmósfera clara y el gran poder reflectante de la nieve por los rayos ultravioletas a los ojos, los pueblos Inuit hicieron gala de su ingenio al fabricar con conchas, huesos o madera unos artilugios que reducían la cantidad de luz que entraba en sus ojos, evitando así la ceguera. Hoy todos sabemos que la necesidad agudiza el ingenio y unos toscos anteojos sujetos con tiras de piel de ballena o tendones de animales y unas pequeñas hendiduras para los ojos, son insuficientes para superar de un modo eficiente importantes obstáculos de supervivencia. Es así como, desde el siglo XV, en China, se pueden escuchan restos de historias que cuentan que los jueces chinos ahumaban sus lentes para ocultar la expresión soberbia de sus ojos al enviar primero a la horca al hombre y después investigar su delito.

sábado, 30 de enero de 2021

El asunto

 






De refranes colombianos (modificados, claro está):


De la virtud y los vicios


Acércate a los buenos, y verás que no todos son de la misma condición.

El pecado es abuso.

La verdad cuando es amarga, nunca su rama endereza.

Quien con lobos anda, recoge sus sobras.

A la ocasión todo se le va en deseos.

En boca del representante, dos testigos y un alcalde.


viernes, 22 de enero de 2021

Domicilio

 


No me gusta llenar de plomo a nadie, pero es mi trabajo.

Rubem Fonseca.

Haceme caso, primero pasamos como si nada. Mejor dicho, echamos gafas para asegurarnos que el man está en la casa.

Eso es lo que me emputa de vos, siempre querés tener la razón en todo. La cosa es muy simple: pasamos como ya dijimos; miramos haciendo que buscamos una dirección. Nos devolvemos y cuando nos aseguremos de que es ahí, me bajo de la moto con la corona de flores. Como en esa casa siempre tienen la puerta abierta anuncio Domicilio, Que aquí le mandan, me firma como recibido. Es cuando saco el fierro y le apunto a la cabeza a la gonorrea esa, para que siga viendo la Liga en el más allá.

¡Listo bacán, vamos hacer esa vuelta bien y verá que quienes vamos a la final somos nosotros, hijueputa! Como yo te estoy esperando, apenas escuche gritos quemo el primer volador navideño para disimular la virusiada. Ni por el hijodeputa diablo te quitás el tapabocas. Nada de sorpresitas; somos muy higiénicos a la hora de quebrar a quien nos mandan y también a los que se atraviesen.

Y así fue, una vieja con cara de sopladora alargó los brazos para recibir la corona, pero se puso a gritar, así que fue a la primera que la vacié a punta de plomo. El man no tuvo tiempo de nada, lo dejé rígido en el sofá, no tuvo tiempo de pedir el VAR por el disparo violento que le hice a la cabeza. Yo siempre disparo a la cabeza para que no queden dudas de mi descarga mortal. Nadie se opuso, oís.

Lo que jamás me imaginé en ese momento, es que mi mujer estuviera allí visitando a la hermana de la que quebramos la semana pasada. Ella y nuestro niño también llevaron del bulto porque yo siempre disparo a la cabeza.

sábado, 16 de enero de 2021

Lunas

 


El pregón no se hizo esperar como música de fondo de la calle: ¡Espejos, espejos, espejos, diez mil mensuales! Raquel levantó la cabeza para que resonara en sus oídos aquel eco repentino que la hacía sentir como si deambulara por el interior de su cuarto. Recogió sus cabellos de humo y buscó sus ojos para volver a llorar. No tiene vida desde el día en que su alma quedó atrapada en los siete pedazos de vidrio de lo que fuera su regalo de bodas. ¡El espejo no sabe mentir, lo que le preguntan ha de decir!, alentó el pregonero, ¡Ya me voy, compren, compren espejos porque no volveré a pasar! Ella salió al balcón decidida a revivir los recuerdos disueltos en las brumas del tiempo. El pregonero al verla en lo alto soltó un gracejo: No es lo mismo llamar que ver. Y la mujer, sin perder tiempo le gritó: ¡El abismo también mira dentro de ti!