Un certero disparo
entre ceja y ceja terminó con el único testigo. Días antes, debido al inusual
silencio, los vecinos alertaron al F2. Al forzar la puerta del apartamento dedujeron
que la escandalosa sangre del hombre, había corrido por el sofá mullido hasta salpicar
las páginas del libro que reposaba en las piernas de la víctima. Tras un sinfín
de interrogatorios y la concluyente coincidencia de que nadie había escuchado
ni visto nada que sustentara la deducción más razonable: asesinato, los agentes
cerraron el caso argumentando que había sido una bala perdida venida del libro
sobre las memorias de Boogie, El Aceitoso.
