El díptero hematófago voló describiendo un ocho en el espacio. Unos ojos miopes lo seguían. El mosquito cambió su maniobra aérea y se lanzó con las alas en plano vertical y con cierto grado de inclinación perpendicular. Un golpe de suerte, seco y fuerte del "nariz de halcón", acabó con aquel que a todo se resistió, salvo a la tentación.