NO COPIES, SÉ AUTÉNTICO

sábado, 6 de diciembre de 2025

Confesión a una mujer intocable

 

                                        

No debería decirlo,
pero llevo días intentando
convencer a mi mente
de que tu presencia es solo paisaje,
y no una herida dulce
que insiste en abrirse sin dolor.

Me repito que perteneces a otro,
que tu nombre ya está unido
a una historia que no me corresponde.
Pero hay deseos que no obedecen,
solo respiran donde arde
lo imposible.

Te miro en silencio
como quien contempla un relicario:
sin tocar,
sin siquiera acercar los dedos,
pero con el alma temblando
por la tentación de abrirlo.

Si alguna vez percibiste mi fuego,
quiero que sepas
que no era una invitación,
sino una verdad desnuda
tratando de volverse ceniza.

No busco tu juramento
ni tu huida,
solo el perdón secreto
de haber imaginado tu piel
donde jamás debería estar mi nombre.

Callaré.
No por falta de deseo,
sino por respeto al destino
que elegiste antes de que yo llegara.

Pero si alguna vez
la vida nos hubiera encontrado libres…
Dios sabrá
lo que habría escrito el viento.

sábado, 29 de noviembre de 2025

Liturgia

 


—¿Entendiste, La Torre? —susurró Britto—.

Todos crecimos bajo la misma sombra: una pistola.

Asentí. Era una conclusión que duele.

—Nos educaron a confundir poder con gatillo —dije.

—Y a creer que llorar es traición —añadió ella.

Pensé en Borrero. No se disparó: lo educaron para hacerlo.

Mientras caminábamos, lo supe: en alguna casa, un niño acariciaba una pistola como quien reza.

No lo llamarán violencia. Lo llamarán liturgia.

domingo, 23 de noviembre de 2025

Protocolo

 


Nos vigilan a todos. El sistema tiene ojos en todas partes: en el parpadeo de las cámaras, en el pulso de los semáforos, en el murmullo enfermo de Internet. Tienes que actuar siempre como si alguien te observara, ordena la ideología arrogante, mientras nos entrena para la docilidad.

Ya no caminamos: nos desplazamos con culpa. Ya no hablamos: emitimos permisos. Incluso los sueños pasan por filtros.

Pero anoche ocurrió un error.

En todas las pantallas apareció un rostro que no estaba registrado. No tenía código, historial ni antecedentes. Sonreía, y su mirada no vigilaba: veía. Durante treinta segundos, el sistema quedó en silencio, como un animal desconcertado ante lo incomprensible.

Luego las alarmas rugieron, las luces se volvieron blancas, los protocolos gritaron obediencia.

Y cuando todo volvió a la normalidad, supe lo más inquietante: no recordaba su rostro… pero sentía que era el mío.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Tres versiones

 


1.
La mujer bonita se cansó de ser Mamita, Bonita o Bombón.
Gritó su nombre: ¡María!
Y el eco, avergonzado, se tapó los oídos.

2.
Nadie recordaba su nombre; todos la llamaban como si fuera postre.
Un día gritó: ¡Soy María!
Y el santo del pueblo pidió cambio de identidad.

3.
Era tan bonita que su nombre se volvió innecesario.
Cuando dijo María, el aire respondió: “No insista, ya la conocemos de vista.”

sábado, 8 de noviembre de 2025

Constelación de los cansados

 


Dos y veinticinco de la madrugada. La anciana no duerme. Su mirada se mueve en varias direcciones, como si siguiera algo que nadie más percibe.

—Sí, ya voy —susurra. Luego levanta una mano y señala el techo, con la expresión de quien se maravilla ante una constelación.

Afuera, una enfermera de rasgos indígenas empuja el carro de los medicamentos. El sonido metálico se mezcla con el zumbido de las máquinas.

Yo, sentado a su lado, siento el peso del sueño. En la sala, una mujer ronca, otra respira con calma, y una más joven parece dormir sobre su enfermedad.

Un llamado de auxilio se repite sin que nadie responda.

La anciana abre los ojos y me mira.

—Han venido por los cansados —dice, antes de cerrar los párpados.

El monitor se vuelve una línea recta.

Levanto la vista: una de las luces del techo titila tres veces antes de apagarse.

Desde entonces, cada noche, a la misma hora, esa lámpara vuelve a parpadear.

Anoche también lo hizo. Solo que esta vez —cuando abrí los ojos—, la cama vacía era la mía.

lunes, 3 de noviembre de 2025

El puño cerrado

 


—Usted sí lo avergüenza a una.
—¿Por qué vergüenza?

Porque me dio, delante de todos, un caramelo y una moneda de doscientos pesos. Como si la necesidad se endulzara.

El bus frenó. Un hombre se desplomó. Yo sabía que lo dulce podía ayudarlo. Pero me quedé quieta, con el puño cerrado.

La vergüenza no fue lo que usted hizo. Fue lo que yo no hice.

viernes, 24 de octubre de 2025

Las cuatro victorias

 


Un hombre preguntó al sabio cómo ganar su vida cada día.

El sabio le habló de cuatro batallas: “Contra el sueño que adormece el propósito, contra la duda que encadena los pasos, contra el miedo que apaga la voz y contra el orgullo que ciega el corazón. Si las vences al amanecer, el resto del día peleará por ti”.

El hombre agradeció y se marchó decidido a librarlas.

Al volver, al anochecer, halló al sabio dormido.