NO COPIES, SÉ AUTÉNTICO
sábado, 6 de diciembre de 2025
Confesión a una mujer intocable
sábado, 29 de noviembre de 2025
Liturgia
—¿Entendiste, La Torre? —susurró Britto—.
Todos crecimos bajo la misma sombra: una pistola.
Asentí. Era una conclusión que duele.
—Nos educaron a confundir poder con gatillo —dije.
—Y a creer que llorar es traición —añadió ella.
Pensé en Borrero. No se disparó: lo educaron para hacerlo.
Mientras caminábamos, lo supe: en alguna casa, un niño acariciaba una pistola como quien reza.
No lo llamarán violencia. Lo llamarán liturgia.
domingo, 23 de noviembre de 2025
Protocolo
Nos vigilan a todos. El sistema tiene ojos en todas partes: en el parpadeo de las cámaras, en el pulso de los semáforos, en el murmullo enfermo de Internet. Tienes que actuar siempre como si alguien te observara, ordena la ideología arrogante, mientras nos entrena para la docilidad.
Ya no caminamos: nos desplazamos con culpa. Ya no hablamos: emitimos permisos. Incluso los sueños pasan por filtros.
Pero anoche ocurrió un error.
En todas las pantallas apareció un rostro que no estaba registrado. No tenía código, historial ni antecedentes. Sonreía, y su mirada no vigilaba: veía. Durante treinta segundos, el sistema quedó en silencio, como un animal desconcertado ante lo incomprensible.
Luego las alarmas rugieron, las luces se volvieron blancas, los protocolos gritaron obediencia.
Y cuando todo volvió a la normalidad, supe lo más inquietante: no recordaba su rostro… pero sentía que era el mío.
viernes, 14 de noviembre de 2025
Tres versiones
1.
La mujer bonita se cansó de ser Mamita, Bonita o Bombón.
Gritó su nombre: ¡María!
Y el eco, avergonzado, se tapó los oídos.
2.
Nadie recordaba su nombre; todos la llamaban como si fuera postre.
Un día gritó: ¡Soy María!
Y el santo del pueblo pidió cambio de identidad.
3.
Era tan bonita que su nombre se volvió innecesario.
Cuando dijo María, el aire respondió: “No insista, ya la conocemos de
vista.”
sábado, 8 de noviembre de 2025
Constelación de los cansados
Dos y veinticinco de la madrugada. La anciana no duerme. Su mirada se mueve en varias direcciones, como si siguiera algo que nadie más percibe.
—Sí, ya voy —susurra. Luego levanta una mano y señala el techo, con la
expresión de quien se maravilla ante una constelación.
Afuera, una
enfermera de rasgos indígenas empuja el carro de los medicamentos. El sonido
metálico se mezcla con el zumbido de las máquinas.
Yo, sentado a su lado, siento el peso del sueño. En la sala, una mujer ronca, otra respira con calma, y una más joven parece dormir sobre su enfermedad.
Un llamado de auxilio se repite sin que nadie responda.
La anciana abre los ojos y me mira.
—Han venido por los cansados —dice, antes de cerrar los párpados.
El monitor se vuelve una línea recta.
Levanto la vista: una de las luces del techo titila tres veces antes de
apagarse.
Desde entonces, cada noche, a la misma hora, esa lámpara vuelve a parpadear.
Anoche también lo hizo. Solo que esta vez —cuando abrí los ojos—, la cama vacía era la mía.
lunes, 3 de noviembre de 2025
El puño cerrado
—Usted sí lo avergüenza a una.
—¿Por qué vergüenza?
Porque me dio, delante de todos, un caramelo y una moneda de doscientos pesos. Como si la necesidad se endulzara.
El bus frenó. Un hombre se desplomó. Yo sabía que lo dulce podía ayudarlo. Pero me quedé quieta, con el puño cerrado.
La vergüenza no fue lo que usted hizo. Fue lo que yo no hice.
viernes, 24 de octubre de 2025
Las cuatro victorias
Un hombre
preguntó al sabio cómo ganar su vida cada día.
El sabio le
habló de cuatro batallas: “Contra el sueño que adormece el propósito, contra la
duda que encadena los pasos, contra el miedo que apaga la voz y contra el
orgullo que ciega el corazón. Si las vences al amanecer, el resto del día
peleará por ti”.
El hombre
agradeció y se marchó decidido a librarlas.
Al volver, al anochecer, halló al sabio dormido.






