En Barragán, las noches no caen... se derraman. Y
hay quien dice que algunas calles no terminan donde deberían, sino donde la
vista empieza a dudar. Yo no creía en esas cosas hasta aquella semana en la que
el pueblo parecía más vacío de lo normal, como si la gente hubiera aprendido a
desaparecer sin hacer ruido.
Volvía tarde por una de las cuestas que suben
hacia las casas altas. No había música, ni perros, ni ese murmullo leve que
siempre queda incluso en el silencio. Solo mis pasos y algo más, justo detrás,
manteniendo la misma distancia exacta, como si supiera contar.
La primera vez pensé que era el eco. La
segunda, que era el cansancio. La tercera vez me paré. El sonido también se
paró. Seguí andando más despacio. Y entonces lo vi: una figura apoyada contra
la pared, demasiado quieta para ser alguien que espera, demasiado atenta para
ser alguien que no busca nada. No parecía esperar a nadie, y eso fue lo peor.
Había algo en aquella quietud, algo seco, como
si llevara demasiado tiempo allí… mirándome antes incluso de verme. Aquello no
parecía tener prisa, ni historia. No vi su cara, pero sí la sensación de que me
reconocía. Aceleré sin correr, como hacen los que no quieren admitir miedo.
Las calles se fueron estrechando, o quizá era
yo el que las estaba perdiendo. Y cada esquina que giraba parecía devolverme al
mismo sitio, aunque sabía que no era el mismo. Cuando llegué a la plaza, el
aire cambió, y el reloj del ayuntamiento marcó una hora que no recuerdo haber
oído antes. Me giré una vez más. Ya no había figura... solo la certeza de que
algo había caminado conmigo sin necesidad de tener cuerpo todo el tiempo.
Desde entonces, en Barragán, evito volver solo por ciertas calles cuando la luz se rompe demasiado pronto. Porque aprendí una cosa sencilla: no todo lo que te sigue quiere alcanzarte. Algunas cosas solo quieren que sepas que pueden hacerlo.

Esa sensación, el saber que pueden hacerlo si quieren, pero de momento no lo hacen, se encuentra entre las peores, sin lugar a dudas.
ResponderBorrarExcelente relato.
Saludos,
J.