La abuela se sentó detrás de la fila de faroles para cuidar que ninguna de
sus velas se apagara. Solo su mirada fija y severa fue capaz de aquietar a los
pequeños que corrían sosteniendo en sus manos las chispeantes luces
artificiales. Una vez los niños se acomodaron a su lado, se santiguó y comenzó
la oración a la Virgen en voz alta.
No iba por la mitad de su invocación cuando
fue interrumpida por los poderosos parlantes que a distancia tronaban música decembrina con que cada fin de año los vecinos residentes en Zaragoza solían ensordecer al vecindario.
—¿Pero,
dónde quedó el respeto y el recogimiento de la gente?, —preguntó la anciana.
—Mamita, ¿acaso
no sabe que estamos en Navidad? Es por eso que lo celebran con toda clase
de música.
—Eso en mi
tiempo no era posible. En cada celebración la reflexión, el retiro espiritual
solo era posible. ¿Acaso el mundo se ha vuelto loco? En la vida necesitamos
momentos para pensar y poner nuestras ideas en orden.
La abuela
siguió con sus campanadas de quejas y aquel rosario de recuerdos sin poder desenredar todos sus nudos.
Se había quedado sin aliento para entender que el mundo había cambiado, pero
sobre todo, parecía haber olvidado que si el pasado ya no estaba en el presente,
era por alguna razón.
No siempre nos damos cuenta de cuando nuestro tiempo se ha acabado.
ResponderBorrarUn abrazo.
Es un abrir y un cerrar cíclico, estimado Alfred.
BorrarVa un cordial abrazo.
Y para allá vamos los de mi camada. Yo cada vez entiendo menos los cambios que está registrando el comportamiento humano presente.
ResponderBorrarAbrazo.
No eres la única. Es el paso de costado a las nuevas generaciones.
BorrarAbrazos para ti.
Los tiempos han cambiado y no queremos darnos cuenta o no queremos por aferrarnos al pasado. Saludos amigo Guillermo
ResponderBorrarIrremediablemente es así. Mientras tanto hay que cantar: Qué bonita es chili...
BorrarChao, Sandra.
Las tradiciones han ido cambiando, pero la agente no tanto. La viejita sigue teniendo sus razones para eludir los ruidos, parásitos de la reflexión.
ResponderBorrarUn abrazo grande, Guillermo
Sí, las tradiciones siguen muy campantes. somos nosotros los que nos hemos alejado de ellas deslumbrados por las grandes vitrinas.
BorrarComo siempre mi abrazo especial para ti.
Sí... esos tiempos yá se fueron... El mundo cambió...las fiestas se han cambiado...
ResponderBorrarLo qe no puede ser cmbiado es el espíritu de Navidad...donde un niño-Diós nació para (comoo hombre!) morir por nosotros..y nos llear hasta Diós!!!
Buenísima historia!!
Renovado saludo para ti y muchas gracias por tu comentario.
BorrarSalu-dos
Cuesta cambiar esas tradiciones,tenemos que poner empeño en ello,para no quedar en olvido.
BorrarUn gusto leerte.
Feliz semana.
Abrazo.
Julio David, grata sorpresa la tuya. Qué bueno estés por aquí.
ResponderBorrarTe envío mi abrazo.
Carmen, bien lo dices tú y lo confirma Tolkien:“No desprecies las tradiciones que nos llegan de antaño; ocurre a menudo que las viejas guardan en la memoria cosas que los sabios de otro tiempo necesitaban saber.”
ResponderBorrarMe gusta tu presencia por aquí.
Todo un placer que me hayas guiado hasta aqui.
ResponderBorrarTe sigo y te leo, con permiso.
Saludos.
Gracias por tus palabras en mi blog de regalos.
ResponderBorrarMe ha encantado leerte.
Mil besitos y feliz noche.
Aurora, es a ti a quien agradezco la deferencia. Me encantan los microregalos y los regalos por unanimidad.
BorrarY como quiero ser correspondido, mil besitos y buen día-noche.
Gracias Laura por dejarte traer hasta este agujero virtual. Nos leemos, mientras tanto, Salud-os.
ResponderBorrarCambia todo, el mundo va evolucionando y es así como ha de ser. Adaptarnos es una exigencia para la felicidad.
ResponderBorrarSAludos.
Sí, es cierto. Las que no deben cambiar son nuestras tradiciones, en una sola frase: nuestra cultura.
ResponderBorrarSaludos para ti.