Lo dijo
sin levantar la voz, como quien dicta una verdad administrativa:
—El
problema contigo es que hablas como si fueras alguien; luego descubren que no
eres nadie y se decepcionan.
Asentió.
Al día siguiente, cuando desapareció de todos los registros, las alarmas se
activaron, los noticieros interrumpieron la programación y el país entero
preguntó por él.
Nadie
supo explicar cómo la ausencia de un don nadie podía dejarlo todo en ruinas.

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