¡Ábrase ñero!
—¡Ábrase!, ¿o quiere tropel conmigo?
— Vos no sos, sino caspa, chucha y pecueca… ¡cachupe!
—¡Bien o qué!
—Aquí con éste bobolitro este que quiere dañarme el bisnes cuando quedamos
ir miti, miti.
—Pana, a lo legal; usted sabe que el biyuyo es sagrado…
—Por eso es que les dan chumbimba, o les dejan su chamba; por sapos
como vos.
—¿Usted cree que eso me da culillo?
—¡Hágale!
—¡Caminá que nos cogió la noche!
—Esperá a que yo arregle este chicharrón.
—¿Te vas a dejar dar pedal?
—Es que no es por eso, parce. Es porque el otro día lo vieron echarle
los perros a la Mercedes.
—¡Qué va! Ella quiso que la entucara… qué vos con ella ni un
tomemija.
—¡Uuuyyy, salao como el yupi; se le metió en la cocina.
—Y hablando de Roma…
—¡Dichosos los ojos!
—Quihubo, ¿para qué soy buena?
—Que te entucaste con este man.
—¡A mí no me vengan boletiar con ese man, que yo con ese, ni un
pancacho!
—Sabe qué, pelada, no se las venga a dar de sana; que con los tres
ha bacilao.
—¡Pues si algo, fue por biyuyo!
—Vea, pues, nos salió garosa.
—Claro, como todo lo del pobre es robado…
—¡Qué tragedia, un bacilón en lo que va!
—¡Sabe que, liste el chingue pa´l río, porque tiene más
futuro una gallina en Ginebra!
— Tocó hacele la vuelta mai.
—¡Guarde ese fierro, pelada! A mí no me mire rayadoooo.
