El agua ya había llegado al borde del
mantel cuando Juli levantó la cabeza. El vaso empieza a inclinarse.
Nadie alcanza a detenerlo. El agua corre sobre la mesa, rodea el plato, moja el
pan, llega hasta el borde del mantel. Juli se queda inmóvil. No intenta recoger
el vaso. No limpia el agua. Levanta la cabeza y busca el rostro de mamá.
Durante
unos segundos, ninguna respira. El agua sigue avanzando con paso parsimonioso.
Mamá también la mira. Después se levanta, toma un trapo, seca la mesa y cambia
el vaso de lugar.
—No
pasa nada —dice.
Juli
baja la mirada. Entonces mamá se sienta otra vez y, mientras exprime el trapo
sobre el fregadero, pregunta:
—¿Hace
cuánto sabes que tu papá no va a volver?
Juli
mira el agua que todavía tiembla entre las vetas de la madera.
—Desde
antes de que se fuera.
El
silencio ocupa la mesa. Mamá deja caer el trapo. Ahora es ella quien no sabe
qué hacer.

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