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domingo, 13 de marzo de 2022

Desasosiego


Igual que las lluvias cuando arrecian, o cuando la intensidad de la luz reseca la tierra, así vuelven los recuerdos a aquella mujer. Unos de traslucidas imágenes, otros de intenso dolor.

Aunque el tiempo no es nada, su congoja la siente igual que el miedo, con la misma tensión y el mismo desasosiego.

sábado, 20 de julio de 2019

La hijuepucha muela




El bus se detuvo en medio de la nube de polvo que produjo cuando, Manuel y su mujer cargando sus pertenencias, le hicieron eufóricas señales con las manos para que se detuviera. Como pudieron abordaron el bus y se sentaron entre sacudidas y tropezones a los que se sumaba burlona la estruendosa radio del bus.

—Oiga, don Manuel, ¿qué le pasó en la cara? ¿Acaso la doña se dio cuenta de la querida y le pasó la navaja por el cachete? —preguntó Vicente dejando escapar una carcajada burlona. La mujer lo miró con odio en sus ojos. Vicente, se puso serio al entender la furia contenida en aquella mujer con quien a duras penas cruzaba un par de palabras.

—No, hombre, bruto que es uno por el desespero causado por un maldito dolor de muelas —explicó el viejo con rostro de excitación. Sucedió que yo tenía un dolor de muela el hijoepucha que no me dejaba tener la tranquilidad. Así que cogí un pedazo de nailon para pescar y se lo ensarté a la muela podrida que tenía. Hombre, sepa usted, que con dolor y todo el mismo hilo lo amarré a un naranjo y arranqué en pura con la finalidad de arrancarme de una vez la cariada esa, pero que va, la bendita muela no quiso salir, más bien el nailon me arrancó parte del bigote, por eso me lo corté, pero mire usted, Vicente, fue ahí donde me vine a dar cuenta de la media cortadurita que me hizo, —rieron Vicente y el viejo, éste se secándose las lágrimas que se le escapaban de los ojos.

—¿Y entonces qué pasó con la muela? —preguntó intrigado Vicente.

—Pues yo le tengo miedo a los alicates esos que utilizan los doctores, por eso yo nunca he ido a donde doctor alguno, yo mismo me curo. Por eso no me dejé joder de la muela, me la saqué volviéndola a amarrar a la rama de un palo y al tirarme desde lo alto me la arranqué. Eso sí no me pregunté dónde está la muela porque no supe dónde cayó la hijuepuerca esa. ¿Cierto mija? —interrogó a su mujer, pero esta no dijo nada.

—¡No lo puedo creer! ¿No la encontraron? Eso es mucho cuento, don Manuel. Usted es una persona seria, a otro no se lo creería.

El bus siguió avanzando entre metálicos estertores y curvas vertiginosas, mientras el conductor a través del retrovisor sumaba y restaba. No perdía de vista a nadie, recontaba porque en todo negocio es bueno desconfiar.