NO COPIES, SÉ AUTÉNTICO

viernes, 27 de febrero de 2026

La coma

Dedicado a CGGH

Después de seleccionar la premisa formal, el guionista se dispuso a escribir las acciones subordinadas de su historia, pero el personaje principal pereció por causa de una coma criminal que se escabulló en el texto.

 

sábado, 21 de febrero de 2026

Nadie, según consta

 


Lo dijo sin levantar la voz, como quien dicta una verdad administrativa:

—El problema contigo es que hablas como si fueras alguien; luego descubren que no eres nadie y se decepcionan.

Asentió. Al día siguiente, cuando desapareció de todos los registros, las alarmas se activaron, los noticieros interrumpieron la programación y el país entero preguntó por él.

Nadie supo explicar cómo la ausencia de un don nadie podía dejarlo todo en ruinas.

viernes, 13 de febrero de 2026

El trámite

 



FUNCIONARIO
—Firme aquí.

HOMBRE
—¿Para qué?

FUNCIONARIO
—Para continuar.

HOMBRE
—¿Continuar qué?

FUNCIONARIO
—Lo que ya empezó.

(Pausa. El Hombre firma.)

HOMBRE
—¿Y ahora?

FUNCIONARIO
—Ahora debe esperar.

HOMBRE
—¿Cuánto?

FUNCIONARIO
—Eso depende de usted.

HOMBRE
—¿De mí?

FUNCIONARIO
—De que deje de preguntar.

(Pausa larga.)

HOMBRE
—¿Puedo irme?

FUNCIONARIO
—Desde luego.
(Pausa)
Pero entonces tendría que empezar.

viernes, 6 de febrero de 2026

Antes de salir



Cuando terminó la visita, se despidieron de los dueños de la casa. Por el entusiasmo de la tía soltera y fisgona, cayeron en la cuenta de que los dos caminaban hacia la salida muy juntos, como en los primeros galanteos y en los pasos iniciales de un romance: las manos se buscan sin atreverse del todo, los brazos se rozan y las miradas se encuentran en silencio.

Nadie quiso romper el momento. La tía sonrió con malicia; los dueños intercambiaron una mirada cómplice.

Solo al cerrar la puerta recordaron —demasiado tarde— que habían llegado así, tomados de la mano, para acompañarse al entierro del marido de ella.

sábado, 31 de enero de 2026

Protocolo de biometría humana

 



Ella desactivó el blindaje de su traje táctico y desconectó las interfaces neuronales. Las prendas de nanotecnología se retrajeron como una segunda piel, dejando al descubierto los circuitos de neón que recorrían su columna. Ya no era un soldado del Sector 7, ni una base de datos; era solo biomasa y pulsos eléctricos buscando refugio.

Él la recibió sin necesidad de escaneo. En el silencio de la estación orbital, mientras la Tierra brillaba a lo lejos como un diamante roto, comprendieron que ningún software de simulación podría replicar lo que sentían. Se despojaron del metal y el cristal, quedando vestidos únicamente de carbono y ternura.

sábado, 24 de enero de 2026

Palabra por palabra

 



El mapa amaneció distinto, aunque nadie había movido fronteras. En las pantallas, un hombre sonreía y hablaba de conquistar, no de adquirir; de dominar, no de proteger. Mencionaba seguridad, rutas nuevas bajo el hielo, minerales que —decía— salvarían al mundo.

En Groenlandia, el hielo se abría como un archivo antiguo. En Canadá, los bosques escuchaban palabras que ya conocían. No hubo invasión: llegaron contratos, bases «temporales», banderas sin himno.

La gente siguió su vida. El mar aprendió nuevos nombres. Cuando cayó el primer misil, los mapas ya no importaban: el territorio había sido conquistado mucho antes, palabra por palabra.

sábado, 17 de enero de 2026

El viento ya no juega

 



El viento ya no juega:
palpa.

Se mete bajo el vestido
como una mano sin peso,
lo levanta con decisión breve
y deja ver
la prenda mínima
aferrada a su cuerpo,
una franja de tela
que no cubre:
acompaña.

La piel responde.
No hay escándalo,
hay pulso.
El muslo se tensa,
la pierna avanza,
el cuerpo recuerda
que caminar
también es una forma
de ofrecerse al mundo.

La tela sube más de lo justo.
El aire roza,
se demora,
aprende la temperatura
exacta del deseo.
No toca —
pero casi—
y en ese casi
arde todo.

Ella no se detiene.
Deja que el viento haga
lo que sabe hacer:
decir con el cuerpo
lo que la boca calla.
El vestido cae,
vuelve a subir,
late.

Luego pasa.
Como pasan las cosas
que no piden permiso
y por eso son verdaderas.

El viento sigue su camino.
Ella también.
En el aire queda
una certeza animal:
el deseo no necesita más
que un segundo de piel
expuesta al mundo.