Ulysses acababa de regresar de Troya.
De su viaje, contó que se había encontrado a un Cíclope a quien invitó a unas
copas de vino, a las que pronto el gigante se aficionó. Mientras tanto, la
policía estaba en su búsqueda acusado del robo de costosas pieles de cabras con
la identificación industrial: Amaltea.
Poseidón, jefe de la policía
marítima, informado de las andanzas del fugitivo organizó a sus hombres en
procura de su arresto. Nadie sospechó que el astuto ladrón había utilizado un
carnero de espesa lana para huir del lugar y hacerse a la mar.
