Aquel músico era un miniaturista en sus obras, casi siempre breves y de una música con cierta improvisación. Pronto, los críticos describieron su música como «delicada» e «íntima». Sin embargo, el compositor nunca dejó de advertir que tan solo era «un hombre de pocas palabras y un músico de pocas notas». Su tragedia fue amar más a las palabras que a quien lo inspiraba.
