Cuando
terminó la visita, se despidieron de los dueños de la casa. Por el entusiasmo
de la tía soltera y fisgona, cayeron en la cuenta de que los dos caminaban
hacia la salida muy juntos, como en los primeros galanteos y en los pasos iniciales
de un romance: las manos se buscan sin atreverse del todo, los brazos se rozan
y las miradas se encuentran en silencio.
Nadie
quiso romper el momento. La tía sonrió con malicia; los dueños intercambiaron
una mirada cómplice.
Solo al cerrar la puerta recordaron —demasiado tarde— que habían llegado así, tomados de la mano, para acompañarse al entierro del marido de ella.

Ya todos los prejuiciosos están pensando que ella indujo a su novio pobre a que matará a su difunto rico. Pues no. En esta ocasión fue ls tía, que es una sicopsta y que por tanto no necesita movil. Su transtorno es de tal calibre que como digo, no necesita móvil (celular, que decís por ahí).
ResponderBorrarAbrazooo