Ella desactivó el blindaje de su traje táctico y
desconectó las interfaces neuronales. Las prendas de nanotecnología se
retrajeron como una segunda piel, dejando al descubierto los circuitos de neón
que recorrían su columna. Ya no era un soldado del Sector 7, ni una base de
datos; era solo biomasa y pulsos eléctricos buscando refugio.
Él la recibió sin necesidad de escaneo. En el
silencio de la estación orbital, mientras la Tierra brillaba a lo lejos como un
diamante roto, comprendieron que ningún software de simulación podría replicar
lo que sentían. Se despojaron del metal y el cristal, quedando vestidos
únicamente de carbono y ternura.

Podría llegar a pasar.
ResponderBorrarQue exista esa tecnología.
Y que dos personas prefieran el contacto verdadero, íntimo,
Saludos.