Las historias, anunció el tallerista, se componen de tres elementos:
La trama...
¡Esa soy yo, la que confabula contra alguien!
Los personajes...
¡Nosotros, somos nosotros!, pues nos basta tener un par de rasgos relevantes para ser visibilizados.
La ambientación...
¡Así me conocen, claro, según el contexto de la obra!
Pero, lo que los une a todos es...
¡El conflicto! por mi naturaleza opuesta y consustancial a la razón de los demás.
¿Pero, de dónde salieron todos?, preguntó uno que no estaba atento a la singular presentación,
Y quien más podría ser, pues yo, el de las ideas previas.
Todos se miraron con desconcierto.
El tallerista hizo una inflexión en la voz y dijo:
Sí, ellas saben surgir de la experiencia directa con el mundo o pueden ser el resultado de la reflexión y la imaginación.
Vaya, vaya...
O sea que un escritor es aquel que tiene problemas con las palabras o que convierte a las palabras en su problema, concluyó el conflictivo.

