Teresa acaba de
perder a su marido y vela el cadáver desde el anochecer. Sobre la rinconera hay
un libro que la mujer hojea. Lee los párrafos subrayados por el esposo que se
ha ido para siempre. Una oleada de recuerdos viene a su mente donde la vida
pugna para hacerse real otra vez, aunque llena de errores, torpezas y de
pequeños goces e incomprensiones. Casi se escucha el discurrir de la inflexible
mentalidad de la esposa. Otro hombre poco a poco va descubriéndose. Le duele que los hechos hayan pasado como hojea aquellas
páginas donde quedó consignada la amarga sensación de que nada, nada de lo sucedido,
podrá repetirse por la ineluctable culpa
de aquellas cosas de las que no puede señalarse a nadie.
