Dedicado a CGGH
Después de seleccionar la
premisa formal, el guionista se dispuso a escribir las acciones subordinadas de
su historia, pero el personaje principal pereció por causa de una coma criminal
que se escabulló en el texto.
Dedicado a CGGH
Después de seleccionar la
premisa formal, el guionista se dispuso a escribir las acciones subordinadas de
su historia, pero el personaje principal pereció por causa de una coma criminal
que se escabulló en el texto.
Lo dijo
sin levantar la voz, como quien dicta una verdad administrativa:
—El
problema contigo es que hablas como si fueras alguien; luego descubren que no
eres nadie y se decepcionan.
Asentió.
Al día siguiente, cuando desapareció de todos los registros, las alarmas se
activaron, los noticieros interrumpieron la programación y el país entero
preguntó por él.
Nadie
supo explicar cómo la ausencia de un don nadie podía dejarlo todo en ruinas.
FUNCIONARIO
—Firme aquí.
HOMBRE
—¿Para qué?
FUNCIONARIO
—Para continuar.
HOMBRE
—¿Continuar qué?
FUNCIONARIO
—Lo que ya empezó.
(Pausa. El Hombre firma.)
HOMBRE
—¿Y ahora?
FUNCIONARIO
—Ahora debe esperar.
HOMBRE
—¿Cuánto?
FUNCIONARIO
—Eso depende de usted.
HOMBRE
—¿De mí?
FUNCIONARIO
—De que deje de preguntar.
(Pausa larga.)
HOMBRE
—¿Puedo irme?
FUNCIONARIO
—Desde luego.
(Pausa)
Pero entonces tendría que empezar.
Cuando
terminó la visita, se despidieron de los dueños de la casa. Por el entusiasmo
de la tía soltera y fisgona, cayeron en la cuenta de que los dos caminaban
hacia la salida muy juntos, como en los primeros galanteos y en los pasos iniciales
de un romance: las manos se buscan sin atreverse del todo, los brazos se rozan
y las miradas se encuentran en silencio.
Nadie
quiso romper el momento. La tía sonrió con malicia; los dueños intercambiaron
una mirada cómplice.
Solo al cerrar la puerta recordaron —demasiado tarde— que habían llegado así, tomados de la mano, para acompañarse al entierro del marido de ella.