NO COPIES, SÉ AUTÉNTICO

sábado, 10 de enero de 2026

Hasta el lunes

 


                                                             El viernes nos creíamos algo; el lunes, una coartada.

El viernes se iba rápido, como si el tiempo los empujara. No había maletas: solo una mirada, un adiós apremiante, un guiño automático de quien ya está llegando a otra parte. Antes de irse, él se acercaba y le hablaba al oído, no para confundirla, sino para hacerla estremecer.

Ella tan solo alcanzaba a reaccionar diciéndole:

—Déjame un beso que me dure hasta el lunes.

Aquella petición suya no era un consuelo ni una despedida: era pacto. Algo que debía sostenerse a distancia, como una promesa mal formulada. A veces se buscaban con alguna excusa para quedarse un poco más: un café innecesario, un informe de último momento, la ilusión de que el tiempo podía aplazarse.

El fin de semana no traía descanso. Era un territorio sin pruebas donde el beso se gastaba de tanto pensarlo. Servía para callar las sospechas, para llenar el silencio que dejaba la ausencia, para creer que el lunes sería regreso y no repetición.

Con el tiempo, él entendió que el encuentro prometido era la forma más cuidadosa del engaño: no mentía el beso, mentía lo que esperaban de él.

El lunes llegaba. Y entonces entendían que el beso no había sido para durar, sino para ensayar la pregunta de siempre: cuánto se habían extrañado el fin de semana.

1 comentario:

  1. Interesante relato, una relación intermitente, por una incógnita que se imagina.
    Saludos.

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