Al reconstruir el rostro de una chica que vivió
hace nueve mil años en Tesalia, el arqueólogo forense tuvo la visión
fascinante de cómo han evolucionado los rasgos faciales con el tiempo. Aquel rostro,
de una muchacha de dieciocho años, era el único testigo de una era crucial en
la evolución humana. Ahora, después de miles de años, por fin podemos ver cómo en su cara se percibieron los amaneceres de la civilización humana
moderna, aunque ésta sigue en estado embrionario.
Siempre evolucionando.
ResponderBorrarSaludos.
Podremos ver esos amaneceres, lo que nadie se pregunta es si deberíamos verlos...
ResponderBorrarSaludos,
J.
Pienso que merecemos lo que tanto soñamos o anhelamos. Saludos.
ResponderBorrarNo sé bien por qué, pero me hizo pensar en cómo evoluciona un ser humano desde que es un embrión hasta que nace en sólo nueve meses.
ResponderBorrarUn abrazo
Opinión en consideración. Un abrazo.
ResponderBorrarLos amaneceres de la civilización humana moderna, han de estar hechos de las piedras que la lapidaron (estoy inventando), mismas piedras con las que se sigue lapidando a día de hoy a la gente. Hechos atemporales. La civilización avanza, pero se le queda una pierna atrás. Va un abrazo, Guillermo.
ResponderBorrarDe eso se trata, de que inventemos. Otro abrazo sale en busca tuya.
ResponderBorrarEs curioso como pudo conectarse con una chica de hace 9000 años atrás, con aque llo que ella presenció.
ResponderBorrarSaludos.